Translate page with Google

Story Publication logo December 26, 2025

Chilean Art That Reveals the Hidden Infrastructure of Artificial Intelligence (Spanish)

Country:

Author:
A large gray building
English

The boom of generative AI has launched tech giants into a race to increase their computing...

author #1 image author #2 image
Multiple Authors
SECTIONS

The installation Reflexive Intelligences is displayed at the Chilean Pavilion at the Venice Biennale. Image by Cristobal Palma. Italy.

This article was originally written in Spanish and published in El País. The key points of this article are presented in English below, followed by the original version of the story. For a full English version of this article, please click on the “Translate page with Google” button on the upper right-hand side.


Key Points

  • Architects and artists from Chile are making visible the energy and territories that artificial intelligence demands.
  • In their works, presented at the 2025 Venice Biennale in Italy, they critique the lack of information surrounding data centers, which are buildings that house servers and consume vast amounts of energy to support AI.
  • The Chilean Pavilion at the Venice Biennale's Arsenale drew numerous visitors to the installation titled Reflective Intelligences, which included a 16-meter-long steel table, similar to a work table, but transformed into an art piece.
  • On it, small, fishbowl-like devices projected the illusion of a flowing current onto its surface. A 16-minute video alternated images of wetlands, testimonials from local residents, and technical drawings of 25 data centers planned for development in Chile.

As a nonprofit journalism organization, we depend on your support to fund more than 170 reporting projects every year on critical global and local issues. Donate any amount today to become a Pulitzer Center Champion and receive exclusive benefits!


El arte chileno que revela la infraestructura oculta de la inteligencia artificial

Arquitectos y artistas del país hacen visible la energía y territorios que demanda esta tecnología. En sus obras, presentadas en la Bienal de Venecia, critican la opacidad de información alrededor de los centros de datos


Hasta semanas atrás, el Pabellón Chileno, en el Arsenale de la Bienal de Venecia (Italia), detenía a numerosos visitantes frente a una mesa de acero de dieciséis metros de largo, similar a una de trabajo, pero convertida en pieza artística. Sobre ella, pequeños dispositivos similares a una pecera proyectaban en su superficie la ilusión de un caudal en movimiento. En ese reflejo, un video de dieciséis minutos alternaba imágenes de humedales, testimonios de vecinos y planos técnicos de 25 data centers o centros de datos que se quieren desarrollar en Chile y que, en realidad, son edificios que albergan servidores que consumen grandes cantidades de energía para sostener la inteligencia artificial (IA).

La instalación, titulada Inteligencias reflexivas, tomaba como punto de partida otra “mesa”, a la que aludía con cierta ironía: una que convocó el Ministerio de Ciencia en 2024 para que empresas tecnológicas, autoridades, académicos y comunidades elaboraran el Plan Nacional de Data Centers (PDATA), con el que el país busca atraer este tipo de inversiones y consolidarse como un hub digital en América Latina. Google, Microsoft y Amazon han instalado o anunciado data centers en comunas industrializadas de la región metropolitana como Cerrillos, Huechuraba y Quilicura. En esa última zona, sin embargo, los humedales resisten pese a décadas de crecimiento urbano acelerado.

Los artífices tras la obra en Venecia, los arquitectos Serena Dambrosio, Linda Schilling y Nicolás Díaz, fueron invitados precisamente a participar del PDATA. Por eso buscaban representar algo que, según dicen, no ha existido ni ahí ni en otros espacios similares. “Nos referimos a mesas de trabajo que convoquen de manera realmente horizontal a todos los actores involucrados en el desarrollo de la IA y de los data centers”, dice Díaz, colombiano e integrante del núcleo FAIR, un grupo de investigadores que estudian las implicaciones sociales de la IA.

En la mesa del PDATA, añade Dambrosio —italiana avecindada en Chile, y académica de la Universidad Diego Portales—, “había voces que pesaban más y otras menos”. Organizaciones territoriales como Resistencia Socioambiental Quilicura, el Movimiento Socioambiental Comunitario por el Agua y el Territorio (MOSACAT) en Cerrillos, y vecinos de La Pincoya en Huechuraba, también han cuestionado la falta de información sobre los costos ambientales de los centros de datos.

Para Schilling, chilena y estudiante de doctorado en el Center for Research Architecture de Goldsmiths en Londres, “los elementos con los cuales se presentan los posibles impactos de estos proyectos son insuficientes y poco claros para las comunidades”.

En Venecia, el pabellón buscó llevar esa discusión al espacio físico. Además del montaje de la mesa, el equipo modeló en 3D cada data center a partir de la información obtenida de sus estudios de impacto ambiental y los distribuyó en el perímetro de la sala. Las maquetas, elevadas sobre vástagos metálicos e iluminadas con un punto LED verde que evocaba el parpadeo de un cable Ethernet (el que transmite los datos por medio de señales eléctricas), simulaban la actividad constante al interior de un data center. De cerca, mostraban edificios que “nadie sabe realmente cómo son”, indica Dambrosio. Por eso mismo, agrega, los dispusieron en la periferia de la sala: “No se sitúan en el centro de la conversación, sino que la bordean”. La luz verde, añade Díaz, también sugería la facilidad con la que estas instalaciones han obtenido aprobación en Chile.

Metáforas para visibilizar

La obra presentada en Venecia es parte de un proceso iniciado años atrás. En el país, otros proyectos artísticos y arquitectónicos también han buscado revelar cómo es la infraestructura que sostiene a la IA: cables, energía y territorios.

Ese impulso llevó a varios investigadores a un lugar clave: Quilicura, la comuna donde Google instaló en 2015 su primer data center en Latinoamérica, y donde Microsoft anunció años más tardeuno nuevo.Ahí comenzó el proyecto Humedales Enmarañados, encabezado también por Dambrosio, Díaz y la investigadora española Marina Otero. “Buscábamos entender desde un lente arquitectónico cómo funcionaban estos edificios y cómo se relacionaban con el territorio”, indica Dambrosio.


Muestra de resultados en el centro cultural de Quilicura, "Humedales Enmarañados." Foto de Equipo Humedales Enmarañados. Chile.

Durante un año, trabajaron con miembros de Resistencia Socioambiental Quilicura, recorrieron el humedal, accedieron a planos y reconstruyeron digitalmente la infraestructura. También organizaron un taller con estudiantes de arquitectura que, usando mapas y dibujos, imaginaron escenarios alternativos, como tuberías visibles que mostraran el consumo real de agua y sistemas para reutilizar el recurso evaporado en el enfriamiento de servidores.

“Eran ejercicios especulativos que trataban de plantear un argumento sobre esta opacidad de la información”, dice Dambrosio. “Especialmente, sobre su consumo energético que es inaccesible”.

La investigadora recuerda que antes los edificios donde se almacenaba conocimiento —como las bibliotecas—, eran públicos, centrales y accesibles, a diferencia de los data centers. “Esta infraestructura existe y la necesitamos, pero podemos pensar en otra manera de instalarla en los territorios, una que retribuya a las comunidades”, dice. Y añade: “Aquí se almacenan cosas que nos interesan a todos”.

Schilling reconoce un patrón: “La industria inmobiliaria es muy buena para utilizar un lenguaje arquitectónico para comunicar lo que está vendiendo. En un departamento piloto puedes ir y ver esta escenografía de cómo puede ser tu vida si lo adquieres. Pero las industrias extractivas, pudiendo usar este tipo de recurso, no lo utilizan, porque creo que podría ofrecer mucha visibilidad a los impactos que están generando”.

Para Díaz, “entender estas infraestructuras solo desde la evidencia es muy complejo”. Por eso, dice, el arte y la arquitectura permiten acercarse a estos sistemas mediante metáforas que hacen el tema más accesible.

Interrogar a la IA

Mientras el mundo debate si la IA reemplazará profesiones creativas, estos proyectos demuestran que el arte y la arquitectura todavía poseen un rol clave: hacer preguntas que la tecnología no fórmula sobre sí misma. Es lo que sostiene el artista chileno Jaime San Martín: “Pueden mirar las cosas justo desde el otro lado”.

San Martín, además de elaborar el video junto al artista Rafael Guendelman en la Bienal de Venecia, conforma Estudio San Martín, junto con el artista Felipe Rivas San Martín. Ambos han explorado la relación entre la tecnología, la cultura y el arte mediante instalaciones, videos y performances. En su exposición 5G, realizada en la Galería Oma, en el mercado urbano MUT en Santiago, montaron una escultura que asemejaba una antena a escala real junto a una animación digital que simulaba una bandada de aves “para evocar un paisaje urbano”. En el mismo lugar, exhibieron grabados sobre la historia de las telecomunicaciones para mostrar “el soporte material y político de las tecnologías asociadas al 5G”, explica San Martín. En realidad, agrega, esa “promesa de eficiencia, rapidez y de ubicuidad, descansa en cables, servidores y energía”.


En la exhibición 5G, una escultura asemejaba una antena a escala real. Foto de Gentileza Estudio San Martín. Chile.

Les interesaba esa dimensión de lo digital que se asume como inmaterial, “pero que tiene mucha agencia en el ecosistema. Su materialidad es densa y gravitante para las personas, las comunidades y el ecosistema”, dice. “La nube oculta al servidor, el servidor oculta a la empresa y la empresa oculta al dueño. Entonces, es como una estructura de comportamiento”.

Otra de las obras de Estudio San Martín, El Predicador Artificial, se presentó en la Plaza de Armas de Santiago. La instalación recreaba a un predicador generado con IA: una figura impresa a tamaño humano, acompañada de parlantes que reproducían su sermón. El montaje incluía un pequeño “templo tecnológico”, con sillas para el público y la Sagrada Biblia Artificial, un libro cuyos textos e imágenes fueron creados con ChatGPT. Hoy San Martín acaba de lanzar un Manifiesto Artísticoque reflexiona sobre cuáles son las posibilidades de pensar un arte de máquinas.

“Le tenemos miedo a las máquinas, pero no entendemos que siempre hay alguien atrás ocupándolas o desarrollándolas. Uno piensa la materialidad de la IA como cosas. Pero son agentes. Son personas”, dice el artista.


El Predicador Artificial del Estudio San Martín se presentó en la Plaza de Armas de Santiago. Foto de Gentileza Estudio San Martín. Chile.

Además, Díaz añade que estas prácticas ayudan a bajar la tensión frente al reemplazo laboral asociado a la IA: “El arte puede ser una herramienta muy fuerte que nos ayuda a posicionarnos como actores y no como espectadores”.

La muestra Inteligencias Reflexivas será reconstruida en Chile durante 2026. Y esta vez, dice Dambrosio, pretende que comunidades, autoridades y público general puedan reunirse alrededor de esta mesa. “La instalación, si bien tiene una posición crítica, también busca generar un espacio de construcción de país”, cuenta Díaz. “La idea es que se generen conversaciones y reflexiones con todos los participantes presentes sobre cómo queremos que esta infraestructura se desarrolle en Chile”.

RELATED TOPICS

an orange halftone illustration of a hand underneath a drone

Topic

AI Accountability

AI Accountability
yellow halftone illustration of an elephant

Topic

Environment and Climate Change

Environment and Climate Change
technology and society

Topic

Technology and Society

Technology and Society

RELATED INITIATIVES

Logo: The AI Accountability Network

Initiative

AI Accountability Network

AI Accountability Network

Support our work

Your support ensures great journalism and education on underreported and systemic global issues