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“Las comunidades indígenas son tan ricas para contarnos cosas, para que aprendamos de ellos”, dijo Daniela Blanco, becaria del Pulitzer Center y directora editorial de Infobae, un periódico digital argentino.
Blanco viajó a la región del Gran Chaco Americano, en Sudamérica, para informar sobre las mujeres indígenas que están adaptando sus economías locales tradicionales al cambio climático.
La región es sede de diversas economías impulsadas por mujeres que dependen de condiciones propicias para la siembra, la ganadería y el florecimiento de plantas nativas utilizadas para la artesanía.
El Gran Chaco es la segunda región boscosa más grande de América Latina, después de la Amazonía, y constituye un sumidero de carbono vital. En los últimos años, la región ha enfrentado fenómenos climáticos dramáticos: vientos violentos, sequías e inundaciones que han alterado la vida de las personas que viven allí.
Blanco habló con cuatro grupos de mujeres indígenas que están liderando a sus comunidades en la adaptación a los cambios en sus hogares.
“Para estas comunidades indígenas significa que no hay más agua, hay más viento, las lluvias son intermitentes, a veces se inundan, a veces hay sequía. Y con eso tienen que convivir y ver cómo seguir viviendo,” dijo Blanco. “En una comunidad de pocos donde todavía hay que poner el cuerpo para vivir, para comer, el cambio climático tiene un impacto dramático.”
Ella Beiser, asistente editorial del Pulitzer Center, conversó con Blanco sobre cómo estas mujeres están guiando a sus comunidades para crear sistemas de producción resilientes, al tiempo que preservan sus tradiciones y su cultura.
La entrevista ha sido editada por longitud y claridad.
Ella Beiser: ¿Puede presentarse y explicar brevemente su proyecto con el Centro Pulitzer?
Daniela Blanco: Mi nombre es Daniela Blanco. Y hace ya 20 años que estoy en Infobae, el diario digital en español más leído del mundo. Actualmente mi cargo es el de directora editorial de Infobae y bueno, aquí estamos haciendo este diario tan hermoso.
Este proyecto tan estimulante se gira en una trilogía temática que a mí me desafió mucho porque hace mucho que la vengo siguiendo y escribiendo de manera separada.
¿Cuál es esta trilogía? Ir a buscar mujeres, en este caso nosotros le agregamos mujeres de comunidades indígenas, que puedan, a través de su resiliencia y de su transformación en la actividad productiva, evidenciar el cambio climático.
O sea, es decir que había tres mundos: mujeres, cambio climático y resiliencia en sistemas de producción. Esa trilogía me pareció fascinante.
Primero era indispensable ir al territorio y después en el contexto de comunidades indígenas. Lo que le daba un atractivo, y una dimensión que fue lo que ocurrió yo te hablo como autora del proyecto que te voy a decir, que fue fascinante y que terminó en unas películas muy lindas.
Y ahí sumó una idea de que fue mía y se la propuse al Pulitzer y lo tomaron con libertad y como que me dejaron hacer que a mí me gustaba ir a buscar —no solo historias y escucharlas y escribirlas y poner dos tres lindas fotos— sino que quería hacer unas pequeñas películas de eso que íbamos a encontrar.
Así que me parece que fueron cuatro piezas en total y además una galería que se estrenaron en tres lunes consecutivos. Y una galería de fotos muy rica. Entonces me parece que quedó como un contenido transmedia que es muy Infobae, no? Tengo que decir que si no hubiera tenido el apoyo de la compañía en la que trabajo, no hubiera sido posible. Primero porque me ausenté de mi trabajo. Segundo porque tuve todo el apoyo para ir con un foto cámara que me acompañó. Y que pudimos hacer este trabajo y publicarlo. Porque a veces este tipo de notas quedan en un público especializado. Y acá lo interesante es que quedó en el gran público.
Y había muchos desafíos ahí narrativos. Primero voy a decir algo que los periodistas vamos a entender. Las comunidades indígenas son tan ricas para contarnos cosas, para que aprendamos de ellos y la verdad que los que lo tomemos en las grandes urbes y ciudades nos iría mucho mejor. Y al mismo tiempo son comunidades de pocas palabras. Entonces había ahí un desafío muy interesante de construir una narrativa en algo que había que escuchar y que lograr que nos cuenten porque solo con esas fuentes en el territorio podía construir mis historias. Los tenía que escuchar. Entonces fueron para cada película varias jornadas de estar con ellos y eso fue maravilloso.
Beiser: ¿Qué tipo de impacto climático observó en las comunidades?
Blanco: Yo visité las comunidades Wichí en Salta, la comunidad Guaraní también en Salta, la comunidad Kolla en Jujuy, justo en el límite Jujuy-Salta, depende de qué lado te parás casi que es las dos provincias y una comunidad muy local jujeña que llama Vinalito que es una localidad que se fundó con lo que se llaman comunidades criollas indígenas nativos nacidos y criados en esa zona de Jujuy.
Entonces el desafío era pasar tiempo con ellos; conocer es como llenar de sentido que me parece lo más importante que dejan los documentales.
Todavía la palabra “cambio climático” —que yo la amo y que es tan potente en este siglo XXI— a veces siento que está vacía de sentido.
¿Qué es el cambio climático? Bueno, para estas comunidades indígenas significa que no hay más agua, hay más viento, las lluvias son intermitentes, a veces se inundan, a veces hay sequía. Y con eso tienen que convivir y ver cómo seguir viviendo, porque no es lo mismo que en las grandes urbes, porque a todos nos impacta el cambio climático. Pero en una comunidad de pocos donde todavía hay que poner el cuerpo para vivir, para comer, el cambio climático tiene un impacto dramático.
Y aprendí mucho de las comunidades indígenas. Los Kollas, en el Valle de Colanzulí, me enseñaron que en verdad haya sequía, haya inundaciones, ellos tienen que caminar igual 6 horas para ir a buscar su alimento.
Beiser: ¿Podría describir el Gran Chaco Americano para alguien que no sabe nada sobre la región?
Blanco: El Gran Chaco en sí mismo está integrado por 15 provincias Argentinas. Todas esas provincias del centro, noroeste y noreste de Argentina integran el Gran Chaco Americano.
Por lo tanto tiene una diversidad territorial enorme. Es considerado, después de la Amazonía, el segundo pulmón de América Latina por sus bosques, por su riqueza biológica —tanto vegetal como animal— y por su diversidad territorial. Dicho esto, muy arrasada por el cambio climático.
Está pasando todo junto en este momento en el Gran Chaco Americano. Hay sequías, hay inundaciones, los bosques han sido arrasados por emprendimientos productivos, por el agro, por los ganaderos. Entonces una zona muy rica y que repito es el segundo pulmón respiradero que tiene América Latina después de la Amazonía que ha sido talada, arrasada. Empieza, el Gran Chaco Americano, a sufrir las mismas consecuencias que la Amazonía si no nos despertamos.
¿Quiénes están reparando esta cuestión que provoca el cambio climático casi inexorable? ¿Por qué después está el calentamiento global? Las comunidades indígenas. Están haciendo un trabajo maravilloso de reforestación. Están buscando alternativas a las inundaciones y alternativas a las sequías para seguir cosechando agricultura orgánica directo de la tierra.
Todos nos llenamos la boca hablando de las zonas azules, zonas donde se camina, zonas donde se cultiva natural sin agrotóxicos, sin agroquímicos. Esto es lo que están haciendo las comunidades indígenas y no es que lo leyeron en los libros. Lo tienen en su cuerpo, en su ancestralidad.
Me parece una síntesis perfecta: están reforestando, están cosechando sin agrotóxicos. Pero no se pueden quedar con las regalías de lo que cosechan porque, por supuesto, cosechan papines, cosechan vegetales sin tóxicos, vienen grandes compañías, se llevan ese producto original y lo venden en los grandes centros urbanos. Ese retorno todavía no le llega a esas comunidades que todavía son pobres. Hay que decir todo.
Sin embargo, tienen un espíritu de comprender el impacto del cambio climático y ver cómo enfrentarlo, que no lo tienen las grandes compañías del mundo.
Beiser: Hay muy pocos hombres en el proyecto. ¿Son las mujeres quienes lideran estas innovaciones?
Blanco: Las que están liderando el cambio son las mujeres.
Los Wichís tienen una cuestión muy ancestral, cacical, donde el hombre manda. Pero el hombre no va al monte a cortar el chaguar. Van las mujeres. En el caso de los Wichís, ellos viven de las artesanías de una planta que se llama "chaguar." Hay que caminar muchas horas para meterse en el monte, cortarse los dedos y sacar ese chaguar que durante años esas comunidades lo cortaron. Una vez que lo cortás, lo tenés que hervir y lo tenés que convertir en fibra. Esa fibra se convierte en artesanía y de eso vive esa comunidad.
El Cacique se sienta y espera a que la mujer Wichí le dé de comer y venga con el chaguar, pero no va al monte a buscar, solamente cuida a sus mujeres.
Quiere decir que ¿Qué le pasa a la mujer Wichí hoy? ¿Va al monte? Como el monte está deforestado, casi no hay chaguar. Tiene que invertir más horas, las artesanías son menos.
Entonces le está buscando una vuelta junto con biólogos y científicos argentinos para ver si en vez de plantar el chaguar en el monte lo puede sembrar en su casa, en el fondo de su casa. Esto es una cosa impensada y maravillosa. Lo lideran las mujeres.
Las Kollas caminan, suben y bajan como si fueran atletas rusas increíbles. Hay que subir y bajar con las llamas, con las vacas y van a buscar la leche, siembran.
Las que generan el cambio y la transformación son mujeres. El hombre Kolla espera en las casas.
Las Guaraníes están reforestando igual que las de Vinalito, las jujeñas, las criollas. Son mujeres que reforestan el bosque. Los hombres esperan y acompañan. No digo que los hombres no acompañen, pero las que lideran el cambio son mujeres. Las que caminan horas bajo el sol, las que cosechan con la espalda sobre la tierra —frío, calor, sequía, inundación— son las mujeres.
Cambio climático y resiliencia en los sistemas productivos son ideas interconectadas y esto está ocurriendo hoy en el Gran Chaco Americano.
Es decir, que las Kollas, las Guaraníes, las Criollas y las Wichís advierten este impacto del cambio climático en su vida cotidiana y están desarrollando transformaciones en la tierra, en su sistema de producción y en su sistema de vida en vez de quedarse sentadas.
Esto es una cosa que está ocurriendo y que la pergeniaron con inteligencia ancestral, con conexión con la tierra y con modelos productivos que me atrevo a decir que probablemente los tengamos que replicar pronto en grandes centros urbanos, porque hay cuestiones de cambio climático que son inexorables. Es decir, van a ocurrir.
Después, el liderazgo de las mujeres. Hay algo ahí de la fortaleza de la humanidad y de la conexión con el futuro. O sea, para sobrevivir para trascender algo muy presente en las comunidades no trascender desde irse al cielo hasta tener vidas longevas y vivir a lo largo del tiempo hay que conectarse con estos fenómenos que ofrece la tierra y hay que transformarlos.
Entonces, el liderazgo es honestamente femenino.
Y después tengo preguntas sobre las nuevas generaciones que de alguna manera están mirando estas mujeres de entre 40 y 60 años que son las que están liderando el cambio y que me parece que se quieren quedar en esos territorios y que quieren transformar las cosas y mejorarlas.
Así que me parece que ahí hay una conectividad, hay una transgeneracionalidad, la cuestión de lo transgeneracional, que me parece muy potente, muy activo y que habla de futuro. Estas comunidades tienen futuro.
Y para cerrar, me parece algo importante la conexión con las organizaciones sociales. Son jóvenes biólogos, sociólogos, cientistas políticos, químicos que comprenden los problemas de la tierra, del territorio, del agua, de la astronomía y trabajan al lado de las comunidades indígenas.
De esta dupla —la ciencia y las comunidades indígenas— solo van a salir cosas buenas.
Beiser: ¿Descubrió algo inesperado durante su investigación periodística?
Blanco: No esperé que las comunidades indígenas estén tan atentas a informadas, insisto, por su propia ancestralidad, por su vínculo con la tierra sobre el cambio climático.
Pensé que iban a tener generalidades sobre el tema y cómo transformar esos problemas. Y tienen mucha información. Si nosotros escucháramos y estuviéramos más cerca de ellos, tendríamos qué hacemos con las inundas, qué hacemos con las montañas, la altura y la falta de agua.
Yo traté de plantear el problema, el conflicto y la solución en cada una de los episodios transmedia. Pero tienen un montón de soluciones que debiéramos escuchar más y aplicar más. A veces la misma provincia que alberga a los Kollas, a los Guaraníes o a los Wichís no los escucha para llevar adelante un problema con sequía, con inundación. Los tiene ahí, nomás, los tiene ahí cerca y no lo hacen.