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Journalist Resource Publication logo Septiembre 25, 2025

Así investigamos el patio trasero de la IA en España, Chile y México

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A large gray building
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The boom of generative AI has launched tech giants into a race to increase their computing...

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En octubre de 2024 me topé con un vídeo en el que Eric Schmidt, antiguo CEO de Google, hablaba sin rodeos sobre los costes medioambientales de la inteligencia artificial (IA). Schmidt, una de las grandes fortunas de Silicon Valley, reconocía que prefería “apostar por que la IA resolviese el problema” del cambio climático a limitar su desarrollo, aún sabiendo que sus “infinitas” necesidades de recursos agravarán la actual emergencia planetaria. “No vamos a alcanzar los objetivos climáticos de todos modos”, afirmaba. 

Para entonces yo llevaba casi un año investigando la expansión de centros de datos de las grandes tecnológicas de Estados Unidos en España. Empecé con un mega-proyecto de Meta que la empresa trasladó a una pequeña ciudad española golpeada por el paro y la despoblación tras ser rechazado en Países Bajos. Las palabras de Schmidt afianzaron mi idea de que este era un tema de largo recorrido, en el que había mucho por indagar. 

Semanas después y ya con el apoyo del Centro Pulitzer comencé un trabajo más ambicioso. Abrí entonces el foco a otros dos países, Chile y México, para averigüar qué estaba pasando en tres regiones específicas. Lugares separados por miles de kilómetros pero unidos por un nexo común: Amazon Web Services (AWS), Microsoft y Google —los tres gigantes junto a Meta que acaparan la infraestructura detrás del negocio de la IA— planeaban o habían construido ya grandes complejos de centros de datos en ellos. 


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El pasado agosto publiqué en El País un especial con varios de los hallazgos de esta investigación: "El patio trasero de la IA. Un mapa de la fiebre del oro del siglo XXI." Un recorrido con paradas en Aragón (España), Santiago (Chile) y Querétaro (México) para explicar un fenómeno global. Cómo la oligarquía tecnológica busca hoy de forma casi desesperada y por todo el planeta terrenos y recursos naturales para alimentar sus granjas de servidores.


Captura del formato especial publicado con El País en Agosto de 2025.

Tras la irrupción de ChatGPT el uso de recursos básicos como la energía y el agua por las Big Tech se ha disparado, en buena medida por las crecientes necesidades de esta telaraña global de centros de datos. Unos edificios hoy están diseñados para los modelos de IA generativa más grandes y menos sostenibles, aquellos que estas mismas empresas impulsan. 

Este proyecto buscó desde un inicio conocer las historias de las comunidades afectadas por el extractivismo que, como en otros eslabones de la cadena de producción de la gran industria de la IA, caracteriza a estas infraestructuras. Pero revela también el papel que están jugando los diferentes actores involucrados en este fenómeno, desde las empresas a las autoridades públicas que les otorgan los permisos, pasando por la sociedad civil organizada para fiscalizar estos proyectos. 

Cómo lo hicimos

Mientras el trabajo en España ya estaba en marcha con el foco puesto en la región de Aragón, la selección de ubicaciones en Latinoamérica siguió un criterio determinado: regiones emergentes para esta industria que sirvieran de espejo a lo que ya está ocurriendo en otros puntos del globo. Para ello resultaron claves la cobertura en prensa local sobre estas inversiones y el trabajo hecho por las investigadoras Ana Valdivia en México y Marina Otero Verzier en Chile

Para investigar en ambos países decidí buscar a dos periodistas locales con las que colaborar. Muriel Alarcón (Chile) y Daniela Dib (México) aceptaron mi propuesta y desde ese momento se convirtieron en dos piezas básicas del proyecto. En las primeras reuniones con Muriel y Daniela les indiqué mi interés en conseguir información y datos novedosos sobre tres ejes generales: 

  • Las estrategias de las grandes tecnológicas para construir sus centros en Santiago de Chile y Querétaro.
  • Los impactos de estos complejos sobre las comunidades locales donde se instalan. 
  • Y sus efectos medioambientales en los ecosistemas donde aterrizan. 

En paralelo yo avanzaba en España por mi cuenta siguiendo una hoja de ruta similar. Meses antes, en junio de 2024, había comenzado a enviar solicitudes de acceso a la información pública a varias administraciones: 

  • Gobiernos locales (ayuntamientos) y gobierno regional (Comunidad Autónoma) en Aragón.
  • Gobierno español 
  • Comisión Europea 

A todas ellas les pregunté sobre el consumo de agua anual de tres complejos que AWS abrió en Aragón en 2022, la avanzadilla de un proyecto faraónico que aspira a ser la mayor red regional de centros de datos en Europa. Pedí datos reales para poder contrastarlos con las estimaciones que la empresa había dado antes de su construcción. En algunos casos también pedí otros datos sobre su impacto medioambiental.

En España cada administración aplica de forma diferente y por canales variados las leyes de transparencia. Escribí cada solicitud, tanto en España como en Europa, en función de la normativa aplicable a cada lugar. Y buscando las rendijas a través de las que obtener una respuesta favorable. Por ejemplo, a los gobiernos locales no les pedí datos sobre el uso de agua de una empresa concreta sino sobre la variación anual registrada en las áreas industriales donde se habían construido estos centros.

Sin embargo, seis meses después de empezar esta tarea los resultados estaban lejos de las expectativas iniciales. Las autoridades que respondieron —varias no lo hicieron— alegaron que o bien no contaban con los datos o no me los podían dar por su carácter confidencial. También argumentaron el supuesto riesgo para los intereses comerciales de las empresas. 

Es muy habitual que estas empresas exijan a las autoridades y comunidades locales la firma de estrictos acuerdos de confidencialidad (NDA o Non-Disclosure agreements, en inglés) como requisito previo a cualquier acuerdo. Del mismo modo, ni AWS ni el resto de grandes tecnológicas permiten a los periodistas entrar a sus centros de datos.

Sabiendo estos dos condicionantes, en diciembre de 2024 viajé por primera vez a Aragón. Varias visitas al exterior de los complejos de AWS me ayudaron a interpretar muchos de los detalles técnicos que antes había leído en los informes de evaluación ambiental presentados ante las autoridades. También a contrastar parte de su contenido.

Capturas de varias páginas del estudio de impacto ambiental presentado por AWS para uno de sus centros de datos en Aragón antes de su construcción. Foto cortesía de Pablo Jiménez Arandia.

Estos documentos técnicos, cuando están disponibles, son una fuente de información clave para investigar los impactos de cualquier centro de datos. Suelen ser documentos que superan el centenar de páginas y que por tanto requieren paciencia y una estrategia clara sobre qué datos queremos buscar. Igualmente, hay que tener presente que son informes hechos por la propia empresa (generalmente a través de una consultora pagada para este fin) que pueden ser inexactos y quedar obsoletos con el tiempo. 

Este primer viaje sobre el terreno en Aragón —volvería de nuevo en mayo de 2025— me sirvió también para establecer vínculos con diversas fuentes que han resultado claves para el proyecto en su conjunto. 

Con esos ingredientes en marzo publicamos un largo reportaje sobre la opacidad que rodea al impacto hídrico de los centros de datos de AWS: "Descifrando el consumo de agua de la IA: así oculta Amazon cuánto bebe su nube en España." Además de explicar la falta de mecanismos públicos para fiscalizar a esta industria, revelamos también datos exclusivos —obtenidos a través de una solicitud de transparencia— que apuntaban cómo uno de los tres centros estaría usando mucha más agua de la reconocida por la empresa. Solo unos días después la propia empresa confirmó nuestra hipótesis y admitió un uso un 48% superior al declarado años atrás. 

Chile

Uno de los primeros pasos que dimos en Chile fue entrevistar a un alto funcionario del Servicio de Evaluación Ambiental (SEA). Este organismo público es el encargado de evaluar los proyectos privados con un potencial impacto medioambiental en el país. La entrevista nos dio claves para bucear mejor en el portal del SEA, una fuente casi inagotable de documentos e información sobre los centros de datos ya construidos o planificados en el país.

A diferencia de en España y México, en Chile varias organizaciones sociales en los últimos años se han opuesto de forma sostenida (o al menos han puesto en cuestión) la llegada de grandes centros a sus comunidades. En el país hay por tanto un amplio abanico de voces que conoce de primera mano estas experiencias, sea porque las han liderado o porque las han estudiado al detalle. 

A lo largo del proyecto hemos hablado entre otras personas con Sebastián Lehuedé, Nicolás Díaz, Paz Peña, Rodrigo Vallejos, Alexandra Arancibia y Tania Rodríguez. Todas ellas nos han aportado un conocimiento clave sobre lo ocurrido en Chile en el último lustro y las experiencias de resistencia ante esta industria. 


Listado de recursos ciudadanos presentados ante el Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) frente al centro de datos de AWS en la comuna de Huechuraba (Santiago de Chile). Foto cortesía de Pablo Jiménez Arandia.

En abril de 2025 Muriel y yo nos encontramos en Santiago de Chile para reportear sobre el terreno. Ella ya había trabajado este tema, así que tenía contactos relevantes para llegar hasta algunas de las historias que mejor ejemplifican la tensión entre los intereses corporativos de las Big Tech y las necesidades de las poblaciones locales. En esos días hicimos más de una docena de entrevistas en profundidad y establecimos vínculos con voces presentes en tres comunas (distritos municipales) de la capital chilena: Cerrillos, Quilicura y Huechuraba.

Una de las historias más novedosas la encontramos en Huechuraba. En este distrito obrero de la periferia norte de Santiago AWS está construyendo uno de sus tres nuevos complejos en Chile. En los últimos años hemos conocido varios casos en los que las grandes tecnológicas ocultaban su identidad real en las primeras fases de un proyecto, evitando así tener que rendir cuentas frente a la ciudadanía y autoridades. En Huechuraba encontramos una vuelta de tuerca a esta estrategia corporativa: el uso de empresas pantalla para ocultar el acaparamiento de terrenos para la red energética que alimentará en el futuro la expansión del centro de datos.

Desde que descubrieron las intenciones de AWS, los vecinos se han opuesto a la construcción del complejo. Entre otros motivos por su afectación sobre el cerro que rodea a sus casas, único espacio verde en el entorno, y por el cual pasaría una línea de 24 torres de alta tensión. La empresa se ha desvinculado oficialmente de las torres y alega no tener nada que ver con ellas. 

Patricio Hernández, vecino de Huechuraba, ha recopilado en los últimos meses múltiples indicios que vinculan directamente a AWS con este proyecto anexo al centro de datos. Nuestro trabajo consistió en verificar la larga lista de nombres de empresas y fechas a través del registro de la propiedad de Chile y otras fuentes públicas de información. Estos datos nos permitieron trazar una cronología clara sobre los pasos dados por AWS con este proyecto y así demostrar cómo la empresa oculta su identidad para evitar una mayor resistencia local.  

Imágenes tomadas durante el reporteo sobre el terreno en la comuna de Cerrillos (Santiago de Chile), en abril de 2025. Fotos por Muriel Alarcón. Chile.

México

Uno de los retos al trabajar una misma historia en tres países diferentes es adaptar tus pasos a la realidad local. El estado mexicano de Querétaro se ha convertido en tiempo récord en destino de decenas de grandes centros de datos. Pero a diferencia de Chile y España aquí las empresas no han de presentar a priori evaluaciones medioambientales para obtener el visto bueno de las autoridades. 

Durante varios meses Daniela Dib hizo múltiples solicitudes de transparencia a diferentes organismos públicos. Preguntando, entre otras cuestiones, sobre posibles informes técnicos y sobre datos relacionados con el uso del agua de estos centros en una región en grave sequía. En esta tarea uno de los obstáculos iniciales fue que desconocíamos los nombres de las empresas subsidiarias con las que Microsoft, AWS y Google operan en México en el negocio cloud

Fernanda Buffa y Alexandra Waddell, del equipo de investigación del Centro Pulitzer, nos ayudaron a encontrarlos a través de búsquedas en registros públicos y en la plataforma Aleph de OCCRP. Igualmente, y a partir de los indicios que ya teníamos, el periodista de datos de Abrimos.info y experto en transparencia Eduard Martín-Borregón nos ayudó a bucear en el histórico de respuestas a solicitudes de transparencia en el país. 

Uno de los documentos que encontramos en ese volcado de información —un título para la explotación de un pozo subterráneo a nombre de Microsoft— nos permitió confirmar una de las hipótesis extraídas de nuestro trabajo de campo —que grandes operadores de centros de datos en Querétaro están extrayendo agua de acuíferos sobreexplotados y en una situación crítica—. 


Captura de la base de datos con solicitudes de transparencia en México relacionadas con centros de datos, facilitada por Eduard Martín-Borregón. Foto cortesía de Pablo Jiménez Arandia. 

Tras pasar por Santiago de Chile, en abril de 2025 viajé a Querétaro con Daniela. Uno de nuestros objetivos sobre el terreno era tratar de ubicar en el mapa los centros de datos de Microsoft, AWS y Google en la región. Ni el gobierno del Estado ni las propias empresas hacen pública esta información. Para añadirle un grado de dificultad mayor, en Querétaro estos centros suelen estar dentro de parques industriales privados a los que no es sencillo acceder. 

Una fuente clave en Querétaro fue la investigadora Lorena García Estrada. Esta geógrafa ambiental nos puso sobre la pista, entre otras cosas, de un informe realizado por Microsoft y ONU Hábitat sobre las comunidades cercanas a los centros de datos. Este trabajo señala las carencias con las que viven las poblaciones de la zona y los problemas de acceso al agua. En él aparecen por ejemplo comunidades como las de Viborillas y La Esperanza. Allí recogimos testimonios e información para entender cómo la sequía de los últimos años ha transformado esta región al norte de la capital del Estado.

Imágenes tomadas durante el reporteo sobre el terreno en Querétaro. En la foto de la derecha junto a mí están Demian Chávez, fotógrafo colaborador de El País, y Daniela Dib, al fondo. Fotos cortesía de Pablo Jiménez Arandia.

Lecciones aprendidas

En los últimos dos años el trabajo periodístico sobre la infraestructura que sostiene el negocio de la IA se ha intensificado. Existen por tanto muchas maneras de investigar los impactos de los centros de datos. También hay muchos enfoques posibles para explicar historias relevantes. A partir de mi propia experiencia con este proyecto, aquí dejo algunas de las lecciones aprendidas: 

  1. Trabaja en equipo. Este es un tema complejo que requiere de recursos para poder investigarlo. Especialmente si tu objetivo es cubrir varios países de forma simultánea. Involucrar a Muriel en Chile y a Daniela en México me ha permitido llegar mucho más lejos en dos países en los que nunca había trabajado. En el transcurso del proyecto también he buscado ayuda con periodistas especializados en otros campos (transparencia y datos, técnicas OSINT, etc.). 
  1. De lo local a lo global. Como fenómeno global, la expansión de centros de datos en múltiples regiones ofrece muchos lugares a los que mirar. Es fácil perderse entre la sucesión de centros anunciados o construidos. A partir del enfoque que te interese y de los recursos con los que cuentes, escoge bien dónde centrar tus esfuerzos —puede ser una empresa, una región o incluso una inversión concreta—. Esa mirada a lo local te permitirá además contar historias humanas que despierten el interés de un lector no especializado. Y que servirán de hilo para explicar dinámicas globales impulsadas por empresas transnacionales. 
  1. Sigue el rastro de la documentación pública. Señalar la opacidad que rodea a esta industria no es algo nuevo. Aun así, incluso en los lugares donde la falta de transparencia es más acusada, existirá un rastro de documentación en manos de las autoridades (evaluaciones medioambientales previas, permisos, informes de seguimiento, etc.) que te resultará muy útil. Las técnicas para llegar a ellos pueden ser variadas (solicitudes de transparencia, fuentes de la industria, portales de información pública, etc.) y también frustrantes -a veces hay meses de trabajo detrás para obtener un solo documento… o nada. Pero la recompensa, cuando se consigue la información adecuada, es muy grande.
  1. Vete sobre el terreno. Los centros de datos son edificios feos rodeados de enorme seguridad y generalmente ubicados en zonas industriales. Ir sobre el terreno puede parecer inútil, pero no lo es. Haz el necesario trabajo de pre-reporteo con las fuentes que ya tengas (documentos, datos, fuentes internas, etc.) e identifica, antes de ir, los elementos de la infraestructura o de su entorno que te interesan más. Puede ser el sistema de suministro de agua para refrigerar los servidores o el zumbido que se escucha en torno al complejo. Cuando hay poblaciones en los alrededores inmediatos del centro, escuchar a las comunidades que viven en ellas es fundamental. Esta información recopilada sobre el terreno te llevará a nuevos hallazgos. También proporcionará a tu trabajo el nivel de detalle necesario para escribir historias con un enfoque humano sobre los elementos físicos que hay tras las tecnologías de IA.
  1. Teje alianzas. Cada vez más, investigadores académicos y de la sociedad civil están trabajando para entender las implicaciones de esta industria, más allá del relato interesado de las Big Tech y otros actores privados. Entre estas personas por supuesto están los grupos de resistencia local que están apareciendo en múltiples latitudes. Saber escucharles, compartir conocimiento y establecer una relación lo más equilibrada posible —alejada del periodismo extractivista— son pautas a seguir.  

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