Desde su regreso en 2022, han restaurado 15 hectáreas de bosque y retomado prácticas tradicionales
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Durante siglos, el pueblo Nukak vivió en aislamiento en las profundidades de la Amazonia colombiana, con escaso contacto con foráneos y sustentándose de la caza y los frutos del bosque. Pero en 1988, la expansión de la frontera agrícola y el conflicto armado llevaron a colonos y grupos guerrilleros a sus territorios, acabando con su vida en aislamiento. El contacto inicial fue devastador: 40 % de la población murió, principalmente por enfermedades, y muchos sobrevivientes fueron desplazados a zonas urbanas, donde luchaban por sobrevivir.
Jedeku Njibe era entonces un adolescente. Al ver morir gran parte de su familia por enfermedades respiratorias, huyó de su hogar en la selva junto a otros sobrevivientes. Casi cuatro décadas después, regresó al lugar del que había sido desplazado: WimPena Cha’ana. Allí, junto con su familia, encontró un paisaje arrasado por la ganadería y los cultivos de coca. Desde su regreso en 2022, han restaurado 15 hectáreas de bosque y retomado prácticas tradicionales como la cosecha del seje, una palma amazónica cuyo fruto usan para preparar chicha y elaborar canastos. Al recuperar su territorio, también han sembrado una esperanza: que la Amazonia puede sanar y que los Nukak pueden construir un futuro en la selva.
